El Sendero de Chile o la gran Alameda de Lagos
Estimado Sr. Lagos Escobar
Comparto un Amor y un Sueño con Usted, Amor a Chile y el Sueño de una Patria hermosa y para todos. Por ese Amor y Sueño me permito escribirle.
El proyecto del Sendero de Chile es una gran noticia para nuestra gente. Faltan espacios comunes en un territorio entrecruzado por alambre de púas. Es ciertamente más amable y defendible una Patria que se conoce por la experiencia y el recuerdo personal, que un intangible recordado una vez al año. Una Patria ancha y sin límites como la mirada de mi hijo, que aún no sabe leer, y por tanto, no sabe que significan palabras como"Prohibido Pasar”, “Guardia Armado" y “Perros Bravos”. Digo también defendible, no porque piense que hay enemigos afuera de las fronteras. Más bien, porque pienso que se rompe una pieza fundamental del contrato social, cuando les exigimos a nuestros jóvenes que se preparen a defender la Patria, cuando en realidad lo único que de verdad hay de Patrimonio común, son un par de corredores, delineados por cercas, que conducen a Parques, que sólo visitamos los que podemos. Vaya problema para nuestros Generales el día que los soldados digan, "defenderé hasta con mi vida lo que es de todos, el resto que nunca vi, ni menos pude caminar en él, que lo defiendan mercenarios". Si creo que el Proyecto del Sendero de Chile es, antes que nada, un gran sueño, que por sobretodo, permitirá hacer de la Patria un hogar y no un concepto sin carne.
Sin embargo, los sueños no siempre se materializan, no basta la excitación que compartirlo con los cercanos puede generar. Es cierto que el Proyecto ha despertado entusiasmo, pero parece ser que se trata de un público que ya era permeable a lo relacionado con las montañas. El desafío fundamental es ser capaz enamorar mas allá de los que tienen mochila, bototos o empleo en el Gobierno. El desafío fundamental es entusiasmar a la población que vive lejos del proyecto, no sólo en distancia, sino para aquellos para quienes pasear por las montañas de Chile es tan cercano como una caminata espacial. Quizás sería mejor para esa gente partir de lo cercano y cotidiano. Quizás caminos y senderos; para que los niños vayan a clases en bicicletas o caminando antes que enlatados en furgones o colgados de micros. Quizás senderos cerca de donde la gente vive, en vez de un camino para mirar en documentales.
Surge de estas preguntas otra relacionada, ¿Se puede cambiar la cultura de un país por un acto del Príncipe? Si en el Chile actual, un susurro del Visir pone miles de personas tras la creación de un objeto cultural (Sólo en la Región Metropolitana hay 500 obreros construyendo) ¿Eso lo convierte en legítimo o participativo? ¿Podemos, por el puro ejercicio de la voluntad, crear un objeto tan potente como el camino de Santiago en España? Probablemente no, los ejemplos en el mundo de senderos definidos "desde arriba hacia abajo" (y no estoy hablando de la dirección, hablo del origen de la idea), muestran casi uniformemente fracasos. Es cierto que el Proyecto ha despertado entusiasmo, pero no nos engañemos, los empleados del gobierno o los ciudadanos que ya tenemos acceso al aire libre, no por vociferantes nos constituimos en profetas.
Tanto comparto su sueño que quiero aportar y engrandecerlo. Construyamos no un sendero para Chile, construyamos Senderos para Chile. Leí una vez la historia de un arquitecto que terminado un grupo de edificios ordenó plantar pasto en los espacios entre ellos, los obreros le dijeron "pero Señor, la gente va a pisar el césped recién salido ¿Por qué no pone piedras lisas para que la gente camine sobre ellas y no rompa el jardín". El se negó, al año siguiente volvió con sus obreros, la gente efectivamente había pisado el pasto, pero el pasto pisoteado mostraba donde había que poner las piedras lisas. Construir un nuevo Sendero para Chile por la Precordillera, puede no ser la manera de lograr que nuestra gente camine y descubra el entorno. Creo que un mejor regalo para el Chile del Tercer Milenio no es una larga utopía lineal, privilegio de trotamundos o excéntricos, sino una red de vías lentas, de pasillos por los que los ancianos y los niños, los pobres y los ricos, los deportistas y los discapacitados, puedan reencontrarse. Ese tipo de redes existen, ¡copiémoslas!
Sr. Presidente, Chile está lleno de caminos que no van de Norte a Sur, van donde la gente quiere ir. Amplíe el Sendero de Chile, conviértalo en “Sendas para Chile”, en todas las direcciones, para todas las personas. Concretamente, propongo reformular la iniciativa actual, crear una Corporación Público Privada que contando con fondos se dedique a recoger ideas, hacerlas concursar y construir lo que la gente pida como senderos, en forma transparente y abierta. Aquí no se trata de más plata, que no hay, se trata de usar mejor la que ya se está gastando, se trata de usar lo que ya existe de mejor forma. Quizás podríamos, por ejemplo, aprovechar en caminos para caminantes, bicicletas o gente a caballo todos esos ramales de Ferrocarriles abandonados, que no nos pase de nuevo lo que pasó en el Cajón del Maipo, en que una obra maravillosa se perdió por falta de visión.
Sr. Presidente, antes que a conquistar montañas, enseñémosle a nuestra gente abrir sus puertas y empezar a caminar.
Cordialmente
Alvaro Acevedo Rojas,
Comparto un Amor y un Sueño con Usted, Amor a Chile y el Sueño de una Patria hermosa y para todos. Por ese Amor y Sueño me permito escribirle.
El proyecto del Sendero de Chile es una gran noticia para nuestra gente. Faltan espacios comunes en un territorio entrecruzado por alambre de púas. Es ciertamente más amable y defendible una Patria que se conoce por la experiencia y el recuerdo personal, que un intangible recordado una vez al año. Una Patria ancha y sin límites como la mirada de mi hijo, que aún no sabe leer, y por tanto, no sabe que significan palabras como"Prohibido Pasar”, “Guardia Armado" y “Perros Bravos”. Digo también defendible, no porque piense que hay enemigos afuera de las fronteras. Más bien, porque pienso que se rompe una pieza fundamental del contrato social, cuando les exigimos a nuestros jóvenes que se preparen a defender la Patria, cuando en realidad lo único que de verdad hay de Patrimonio común, son un par de corredores, delineados por cercas, que conducen a Parques, que sólo visitamos los que podemos. Vaya problema para nuestros Generales el día que los soldados digan, "defenderé hasta con mi vida lo que es de todos, el resto que nunca vi, ni menos pude caminar en él, que lo defiendan mercenarios". Si creo que el Proyecto del Sendero de Chile es, antes que nada, un gran sueño, que por sobretodo, permitirá hacer de la Patria un hogar y no un concepto sin carne.
Sin embargo, los sueños no siempre se materializan, no basta la excitación que compartirlo con los cercanos puede generar. Es cierto que el Proyecto ha despertado entusiasmo, pero parece ser que se trata de un público que ya era permeable a lo relacionado con las montañas. El desafío fundamental es ser capaz enamorar mas allá de los que tienen mochila, bototos o empleo en el Gobierno. El desafío fundamental es entusiasmar a la población que vive lejos del proyecto, no sólo en distancia, sino para aquellos para quienes pasear por las montañas de Chile es tan cercano como una caminata espacial. Quizás sería mejor para esa gente partir de lo cercano y cotidiano. Quizás caminos y senderos; para que los niños vayan a clases en bicicletas o caminando antes que enlatados en furgones o colgados de micros. Quizás senderos cerca de donde la gente vive, en vez de un camino para mirar en documentales.
Surge de estas preguntas otra relacionada, ¿Se puede cambiar la cultura de un país por un acto del Príncipe? Si en el Chile actual, un susurro del Visir pone miles de personas tras la creación de un objeto cultural (Sólo en la Región Metropolitana hay 500 obreros construyendo) ¿Eso lo convierte en legítimo o participativo? ¿Podemos, por el puro ejercicio de la voluntad, crear un objeto tan potente como el camino de Santiago en España? Probablemente no, los ejemplos en el mundo de senderos definidos "desde arriba hacia abajo" (y no estoy hablando de la dirección, hablo del origen de la idea), muestran casi uniformemente fracasos. Es cierto que el Proyecto ha despertado entusiasmo, pero no nos engañemos, los empleados del gobierno o los ciudadanos que ya tenemos acceso al aire libre, no por vociferantes nos constituimos en profetas.
Tanto comparto su sueño que quiero aportar y engrandecerlo. Construyamos no un sendero para Chile, construyamos Senderos para Chile. Leí una vez la historia de un arquitecto que terminado un grupo de edificios ordenó plantar pasto en los espacios entre ellos, los obreros le dijeron "pero Señor, la gente va a pisar el césped recién salido ¿Por qué no pone piedras lisas para que la gente camine sobre ellas y no rompa el jardín". El se negó, al año siguiente volvió con sus obreros, la gente efectivamente había pisado el pasto, pero el pasto pisoteado mostraba donde había que poner las piedras lisas. Construir un nuevo Sendero para Chile por la Precordillera, puede no ser la manera de lograr que nuestra gente camine y descubra el entorno. Creo que un mejor regalo para el Chile del Tercer Milenio no es una larga utopía lineal, privilegio de trotamundos o excéntricos, sino una red de vías lentas, de pasillos por los que los ancianos y los niños, los pobres y los ricos, los deportistas y los discapacitados, puedan reencontrarse. Ese tipo de redes existen, ¡copiémoslas!
Sr. Presidente, Chile está lleno de caminos que no van de Norte a Sur, van donde la gente quiere ir. Amplíe el Sendero de Chile, conviértalo en “Sendas para Chile”, en todas las direcciones, para todas las personas. Concretamente, propongo reformular la iniciativa actual, crear una Corporación Público Privada que contando con fondos se dedique a recoger ideas, hacerlas concursar y construir lo que la gente pida como senderos, en forma transparente y abierta. Aquí no se trata de más plata, que no hay, se trata de usar mejor la que ya se está gastando, se trata de usar lo que ya existe de mejor forma. Quizás podríamos, por ejemplo, aprovechar en caminos para caminantes, bicicletas o gente a caballo todos esos ramales de Ferrocarriles abandonados, que no nos pase de nuevo lo que pasó en el Cajón del Maipo, en que una obra maravillosa se perdió por falta de visión.
Sr. Presidente, antes que a conquistar montañas, enseñémosle a nuestra gente abrir sus puertas y empezar a caminar.
Cordialmente
Alvaro Acevedo Rojas,


